Arte
Del Caballete a las Calles
On 03, ago 2010 | No Comments | In Arte, Notas de Invitados | By Gerardo
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Cuando se habla sobre la experiencia estética en la actualidad, dejando atrás cualquier atisbo de tinte intelectual, los interlocutores por lo general, se refieren a la experiencia de lo agradable, lo apetecible, e incluso de lo Bello. Admirar un cuadro de Manet, escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven, o leer cualquier fragmento de los escritos de Baudelaire resultará (casi) siempre, una experiencia, como dirían los italianos en su lengua: piacevole, o deliciosa, sublime y sugestiva.
Hablando ya en el terreno formal de la Estética, habría que entenderla como una disciplina que estudia a la imagen y su reproducción; muestra de ello es que para Eugenio Trías, la experiencia estética surgió en el Renacimiento, consistiendo ésta en la conciliación entre la naturaleza y el espíritu. Hoy, esta experiencia implica la experiencia de lo Bello y de lo sublime. Es necesario explicar que dentro de la experiencia estética, toda captación es mediata, sígnica, y por esto mismo, reinterpretable. Captar y capturar la realidad, significa e implica un cierto instrumentario de formas simbólicas legibles, comprensibles, e inteligibles: por consiguiente, signos. La experiencia estética es universal y a la vez singular, desinteresada por experimentar lo Bello y sin interés alguno en el objeto en sí. Hoy, en la época posmoderna, encontramos a varios autores que sustentan el fin de la historia (Fukuyama), el fin del progreso y el fin del arte; ésta última aseveración está sustentada por Robert Danto.
Para muchos, la experiencia estética es igual al arte en sí, porque el arte es el indicador por excelencia de lo que vivimos en nuestro tiempo, y nace con la idea del progreso de la representación, es decir, a través del arte se resuelve el problema de la representación, mientras que el artista funge como el individuo que, como explica Eugenio Trías, puede ser todas las cosas. La experiencia estética no se encuentra únicamente en el arte y su espacio, porque ésta consiste en una
experiencia vecina a la Belleza, misma que se puede entender como una “divinidad bifronte”: detrás de una máscara de Belleza, se esconde la cara de la Muerte.
Tanto la Belleza como el Eros o el erotismo son estériles, no tienen descendencia; únicamente a través de la muerte, la locura o la enajenación de sí mismo, se puede acceder a ese estadío de posibilidad de trascendencia o fecundidad. Partiendo de esta idea, el arte implica por consecuencia, “el ocaso de la voluntad de vivir” y del deseo y de las pasiones, trascendiendo a una voluntad creadora de nuevas huellas: el arte ha devenido junto con la historia.
Hoy la preocupación del arte no está en la mímesis, sino que está en el terreno de la representación, y más aún, en el de la simulación. En esta condición posmoderna, explica Danto, se necesita de una filosofía del arte que ya no sea más estética y que estipule la esencia del arte mismo hoy. Esta búsqueda es evidente en las nuevas formas de hacer arte: el arte conceptual, el arte abstracto, el mural, pero sobretodo, el performance.
El performance en el arte está tratando de lograr la ruptura de su propio encerramiento. El arte se ha encontrado encerrado en diversas formas arquetípicas, circuitos de distribución e instituciones, sin embargo, su verdadero claustro ha sido la pintura al óleo de caballete. Es así como el autor defiende su tesis de que estamos hoy viviendo una etapa “después del fin del arte”: arte puede ser cualquier cosa, pues deja de ser estético y puede o no ser sensible. El “fin del arte” para Danto es el fin de los metarrelatos sobre el arte y su historia, el fin de la legitimación de una vanguardia, de un arte o de otro, y la descalificación de todo aquello que no entre en juego. Como ya se explicó anteriormente, no hay un progreso en la representación, y eso no importa, pues lo relevante hoy es la intervención, el conflicto, la praxis. Así es, en mi opinión, cómo el performance integra esta cuestión: interviene en el espacio y en los espectadores, además de que no está encarcelado en ningún tipo de museo o caballete.
Hoy experimentamos que el arte no carga con la responsabilidad de autodefinirse filosóficamente. Eso, explica Danto, le tocará a los filósofos del arte y no a la acción de la experiencia estética. Esta es la novedad, esta es la innovación, esta podría ser la revolución artística de los sujetos que viven y experimentan la realidad artística y sensible de los otros.
María del Mar Gárgari Casas Lic en Estudios Latinoamericanos por la UNAM con especialidad en Sociología Cultural. Con estudios en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente realiza investigaciones sobre juventud, racismo, discriminación y género.

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